El contacto con la naturaleza y las actividades estructuradas de exploración ambiental se reconocen cada vez más como contextos relevantes para el desarrollo cognitivo y el aprendizaje de niños y adolescentes. Un creciente número de investigaciones sugiere que la exposición a entornos naturales, el aprendizaje al aire libre, la jardinería escolar y la educación ambiental contextualizada pueden favorecer la atención, las funciones ejecutivas, el compromiso académico, el razonamiento científico, la autoestima y un mayor bienestar socioemocional. Esto se evidencia especialmente los estudios basados en intervenciones que reportan de forma más consistente beneficios cognitivos y de aprendizaje a corto plazo. Las experiencias educativas basadas en la naturaleza son prometedoras, especialmente cuando son frecuentes, estructuradas e integradas en el currículo (Nguyen et al., 2022; Murray & O’Brien, 2022; Kuo et al., 2019).

En qué se basa esta tendencia
La idea de que los niños aprenden mejor en contacto con la naturaleza no es nueva, pero investigaciones recientes le han otorgado una base empírica más sólida. Los entornos naturales proporcionan ambientes complejos, multisensoriales y dinámicos que difieren notablemente de las aulas tradicionales. Estos entornos pueden favorecer el desarrollo al reducir la fatiga mental, estimular la curiosidad, aumentar la actividad física y promover la observación directa de las relaciones ecológicas. En términos educativos, las actividades de exploración ambiental incluyen el aprendizaje al aire libre, la jardinería escolar, el juego en la naturaleza, la investigación de campo y la educación ambiental contextualizada. Estos enfoques son especialmente relevantes porque combinan el desafío cognitivo con la participación experiencial, lo que permite a niños y adolescentes conectar conceptos abstractos con fenómenos concretos (Murray y O’Brien, 2022; Ardoin et al., 2018).
Los estudios empíricos resaltan también la importancia de la intencionalidad en el uso de los entornos naturales y la importancia del rol de adultos facilitadores en las interacciones de niños y adolescentes con la naturaliza. Simplemente vivir cerca de espacios verdes no es suficiente para garantizar beneficios. Las intervenciones estructuradas que ponen a los niños en contacto directo con la naturaleza tienden a mostrar efectos más claros, especialmente en la atención y las funciones ejecutivas. Esta distinción es importante para educadores y responsables políticos: los modelos más eficaces no son la exposición pasiva, sino las experiencias pedagógicas intencionadas en, con y sobre la naturaleza (Nguyen et al., 2022; Kuo et al., 2019).
Diversos marcos teóricos ayudan a explicar por qué el contacto con la naturaleza puede favorecer la cognición y el aprendizaje. La Teoría de la Restauración de la Atención (ART) propone que los entornos naturales recuperan la atención dirigida tras la fatiga mental, al captarla de una manera sutilmente fascinante. Esta recuperación puede mejorar la concentración, la memoria y la autorregulación, especialmente en niños que aún están desarrollando sus sistemas de control ejecutivo (Kaplan, 1995). La Teoría de la Reducción del Estrés de Ulrich (1991) complementa esta perspectiva al sugerir que los entornos naturales disminuyen las respuestas fisiológicas al estrés, liberando así recursos cognitivos para el aprendizaje. Una tercera perspectiva enfatiza el aprendizaje experiencial y vivencial: los niños comprenden los conceptos científicos y ecológicos con mayor profundidad cuando pueden observar, manipular, comparar y debatir fenómenos del mundo real, en lugar de solo recibir información verbal (Kaplan, 1995; Kuo, Barnes y Jordan, 2019).
La investigación en educación ambiental añade una dimensión adicional. Demuestra que aprender sobre la naturaleza y aprender en la naturaleza están conectados, pero no son idénticos. Los programas que combinan la exploración al aire libre con la reflexión, el debate y la acción tienden a producir mejores resultados de aprendizaje. La educación ambiental es el otro factor que se aborda en esta tendencia; entendida como un proceso tanto cognitivo como moral: enseña conocimientos, pero también cultiva el cuidado, la responsabilidad y un sentido de pertenencia a un mundo más allá de lo humano (Ardoin et al., 2018; Duerden & Witt, 2010).
Logros en el desarrollo cognitivo

Los resultados cognitivos más estudiados son los referidos a la atención y las funciones ejecutivas. Una revisión sistemática y un metaanálisis sobre la exposición a la naturaleza en niños y adolescentes revelaron que la evidencia correlacional era generalmente débil, pero los estudios experimentales y cuasiexperimentales mostraron mejoras pequeñas pero significativas en la cognición, especialmente en la atención y las funciones ejecutivas (Nguyen et al., 2022). Estos hallazgos son importantes porque las funciones ejecutivas —memoria de trabajo, control inhibitorio y flexibilidad cognitiva— están fuertemente asociadas con el éxito académico y el aprendizaje autorregulado. En términos prácticos, los niños que pasan tiempo en contacto con la naturaleza, es posible que tengan mayor capacidad para perseverar en las tareas, cambiar de actividad y gestionar las distracciones.
La evidencia de estudios sobre aprendizaje al aire libre respalda esta conclusión. Una revisión sistemática del aprendizaje al aire libre en contacto con la naturaleza en escolares reportó beneficios socioemocionales, académicos y de bienestar cuantificables, con cierta evidencia de mejora académica y mayor compromiso y apropiación del aprendizaje (Murray y O’Brien, 2022). El aprendizaje basado en la naturaleza parece especialmente efectivo cuando las actividades son activas en lugar de pasivas, y cuando se anima a los estudiantes a formular preguntas, recopilar datos e interpretar observaciones. Estos hallazgos apoyan la idea de que la cognición se potencia no solo al estar en la naturaleza, sino también al realizar tareas intelectualmente exigentes en entornos naturales.
Además, existe evidencia emergente de que los entornos al aire libre favorecen la memoria y el razonamiento al ofrecer pistas contextuales más ricas y oportunidades para la repetición significativa. Los niños que clasifican hojas, comparan suelos, documentan el comportamiento de los insectos o miden el crecimiento de las plantas participan en prácticas que requieren observación, categorización, secuenciación e inferencia. Estos son procesos cognitivos fundamentales para el trabajo académico posterior en ciencias, lenguaje y matemáticas. La exploración ambiental funciona, por lo tanto, como una forma temprana de pensamiento científico.
Aprendizaje y rendimiento académico
Más allá del funcionamiento cognitivo, la exploración ambiental puede influir directamente en el aprendizaje escolar. Una revisión ampliamente citada sobre educación ambiental para estudiantes de primaria y secundaria encontró resultados abrumadoramente positivos en múltiples ámbitos, incluyendo el rendimiento académico, el pensamiento crítico y la participación cívica. La revisión sintetizó 119 estudios revisados por pares y encontró que la mayoría reportaron resultados positivos. Esto no significa que todas las intervenciones de educación ambiental mejoren las calificaciones, pero sí sugiere que dichos programas son generalmente beneficiosos y rara vez perjudiciales (Ardoin, Bowers & Gaillard, 2018).
El aprendizaje de las ciencias parece responder especialmente bien a los enfoques al aire libre y basados en la naturaleza. Cuando los estudiantes observan sistemas vivos, ponen a prueba hipótesis en huertos escolares o conectan el contenido curricular con los ecosistemas locales, tienden a mostrar una comprensión conceptual más sólida y actitudes más positivas hacia la ciencia. El aprendizaje al aire libre también puede aumentar la participación, un precursor clave del aprendizaje. La participación es importante porque los niños que se sienten responsables de las tareas tienen más probabilidades de perseverar, colaborar y retener lo que aprenden.
La educación en el campo y en el entorno también favorece la transferencia del aprendizaje. En estos modelos, el contenido escolar abstracto se vincula con lugares y problemas reales, lo que ayuda a los estudiantes a comprender la importancia del conocimiento. Por ejemplo, una lección sobre polinización cobra mayor significado cuando los estudiantes observan abejas en un jardín escolar. De manera similar, una unidad sobre los ciclos del agua se vuelve más concreta cuando los niños miden la lluvia o analizan la escorrentía en su propio vecindario. Estas experiencias fortalecen tanto la comprensión como la motivación.
Actividades de exploración ambiental al orden del día
Las actividades de exploración ambiental no se limitan al juego al aire libre. Incluyen experiencias estructuradas como paseos por la naturaleza, jardinería escolar, mapeo ecológico, proyectos de ciencia ciudadana y trabajo de campo basado en la indagación. Las investigaciones sobre educación ambiental en la primera infancia sugieren que las actividades lúdicas y exploratorias ayudan a los niños pequeños a desarrollar aprecio por el mundo natural, especialmente cuando los adultos utilizan estrategias de juego abiertas, modeladas y con un propósito definido. Estos enfoques son valiosos porque combinan autonomía con guía: los niños tienen libertad para explorar, pero su exploración está guiada por preguntas significativas y el apoyo de los adultos. research.childrenandnature
En niños en edad escolar y adolescentes, la exploración ambiental se vuelve intelectualmente más exigente. Los estudiantes pueden recopilar datos, comparar hábitats, documentar la biodiversidad y presentar sus hallazgos. Estas actividades fomentan la alfabetización científica, el pensamiento crítico y el pensamiento sistémico, a la vez que fortalecen la colaboración y las habilidades comunicativas. Estudios sobre la actividad y el juego al aire libre han encontrado beneficios para el bienestar físico, cognitivo y social, lo que sugiere que la exploración ambiental actúa a través de múltiples vías en lugar de un único mecanismo (Tandon et al., 2016; Bento y Dias, 2017, como se analiza en ojs.pensamultimedia).
Los adolescentes pueden beneficiarse de maneras diferentes, pero igualmente importantes. Para los estudiantes mayores, la exploración ambiental puede favorecer la formación de la identidad y la autoeficacia. La participación en proyectos de restauración, monitoreo de la biodiversidad o iniciativas de sostenibilidad escolar ayuda a los adolescentes a conectar el aprendizaje con la responsabilidad en el mundo real. En este sentido, la exploración ambiental no es solo una práctica infantil, sino también una transición hacia la ciudadanía ambiental.
Mecanismos de impacto
¿Por qué el contacto con la naturaleza y la exploración ambiental favorecen la cognición y el aprendizaje? Probablemente intervienen varios mecanismos:
- los entornos naturales reducen la sobrecarga cognitiva al ofrecer una «fascinación suave», lo que permite que la atención se recupere del esfuerzo dirigido y sostenido;
- la actividad al aire libre suele aumentar el movimiento, y la actividad física en sí misma se asocia con una mejor función ejecutiva y un estado de alerta;
- el aprendizaje basado en la naturaleza tiende a ser más emocionalmente atractivo, lo que mejora la memoria y la comprensión;
- las tareas ambientales suelen ser colaborativas, y la interacción social favorece el desarrollo del lenguaje, la toma de perspectiva y la resolución de problemas;
- la naturaleza proporciona variación en textura, sonido, movimiento, temperatura y luz, esta complejidad multisensorial estimula la percepción y puede profundizar la codificación de la información, esto es la riqueza sensorial;
- la exploración ambiental suele implicar tareas auténticas con consecuencias visibles; cuando los niños siembran semillas, monitorean el crecimiento o limpian un hábitat, pueden observar directamente los resultados de sus acciones. Esta concreción fomenta la motivación y la metacognición.
Implicaciones Educativas
Para los educadores, el mensaje práctico es claro: el contacto con la naturaleza debe ser intencional, regular e integrado en el currículo. Las visitas breves a parques, huertos escolares y espacios verdes locales pueden fomentar la atención y la participación, pero los mayores beneficios se obtienen probablemente cuando las experiencias al aire libre se planifican como parte de una secuencia de aprendizaje más amplia. Las actividades efectivas de exploración ambiental deben incluir observación, debate, documentación y reflexión.

Los docentes pueden diseñar tareas que vayan de lo concreto a lo abstracto. Los niños más pequeños podrían clasificar hojas, rastrear el movimiento de los insectos o comparar texturas. Los estudiantes mayores podrían plantear preguntas ecológicas, recopilar datos de campo o analizar el impacto de la urbanización en la biodiversidad. En todas las edades, la clave es conectar la experiencia con el pensamiento. Sin reflexión, la actividad al aire libre puede ser agradable pero superficial; con reflexión, se convierte en una poderosa herramienta de aprendizaje.
La educación ambiental también tiene implicaciones en materia de equidad. El acceso a espacios verdes no está distribuido de manera uniforme, y los niños de zonas de bajos ingresos o altamente urbanizadas pueden tener menos oportunidades de contacto con la naturaleza. Las escuelas pueden contribuir a reducir esta desigualdad utilizando parques cercanos, patios escolares, jardines en azoteas o adaptaciones temporales de las aulas con elementos naturales. En este sentido, la exploración ambiental no es solo una opción pedagógica, sino también una estrategia de justicia social.
A modo de conclusión
La literatura indica que el contacto con la naturaleza y las actividades de exploración ambiental pueden favorecer el desarrollo cognitivo y el aprendizaje de niños y adolescentes, especialmente cuando son activas, estructuradas y educativamente significativas. La evidencia más sólida respalda mejoras en la atención, las funciones ejecutivas, la participación y el aprendizaje científico, con beneficios adicionales para el bienestar y el desarrollo social. Si bien aún se necesita investigación más rigurosa, la evidencia actual es suficiente para recomendar las experiencias educativas basadas en la naturaleza como una parte valiosa de la escolarización. La naturaleza no es un complemento opcional del aprendizaje; es un contexto enriquecedor a través del cual el aprendizaje puede volverse más profundo, saludable y significativo.
Referencias
Ardoin, N. M., Bowers, A. W., & Gaillard, E. (2018). Environmental education and K–12 student outcomes: A review and analysis of research. The Journal of Environmental Education, 49(1), 1–17.
Bento, G., & Dias, G. (2017). The importance of outdoor play for young children’s healthy development. Porto Biomedical Journal, 2(5), 157–160.
Duerden, M. D., & Witt, P. A. (2010). The impact of direct and indirect experiences on the development of environmental knowledge, attitudes, and behavior. Journal of Environmental Psychology, 30(4), 379–392.
Kaplan, S. (1995). The restorative benefits of nature: Toward an integrative framework. Journal of Environmental Psychology, 15(3), 169–182.
Kuo, M., Barnes, M., & Jordan, C. (2019). Do experiences with nature promote learning? Converging evidence of a cause-and-effect relationship. Frontiers in Psychology, 10, 305.
Murray, R., & O’Brien, L. (2022). Getting out of the classroom and into nature: A systematic review of nature-specific outdoor learning on school children’s learning and development. Educational Research Review, 37, 100475.
Nguyen, J., Shute, V., Xu, Z., et al. (2022). Benefits of nature exposure on cognitive functioning in children and adolescents: A systematic review and meta-analysis. Journal of Environmental Psychology, 82, 101826.
Tandon, P. S., Saelens, B. E., Zhou, C., et al. (2016). Physical activity and health in children and adolescents through outdoor play. Preventive Medicine Reports, 4, 9–15.

Crecemos con la Tierra: La importancia de la relación entre infancia y naturaleza para el desarrollo integral