La Dra. Roxi Montero, directora de CEDEI, comparte en el World Education Focal Meeting 2020, su visión sobre los temas centrales que ocupan a la Corporación CEDEI, en una intervención cuyo mismo título es una invitación a colaborar: “Investiguenos, eduquemos y facilitemos juntos el desarrollo”.
Por: Dra. Roxi Elena Montero Prens - CEDEI World Education Focal Meeting 2020
Quiero agradecer a los organizadores por la posibilidad de compartir mi visión personal sobre la educación y la investigación como vehículos para el desarrollo humano y social. Una visión que se ha reflejado a lo largo de mi quehacer profesional y de mi vida como madre.
Voy a concentrar mi exposición alrededor de cuatro argumentos: las representaciones y creencias que subyacen a mi abordaje de la educación y el desarrollo; la utilidad de la investigación científica en la transformación de los procesos educativos y de desarrollo humano; mis experiencias vitales en torno a la educación y la investigación como vehículos de desarrollo; y aquello que identifico como necesidades de formación y desarrollo para todas las personas que trabajamos en este campo profesional.
Representaciones y creencias sobre la educación y el desarrollo
Concibo la educación como un proceso permanente, multidimensional y orgánico. Un proceso en el que toman parte una variedad de actores, escenarios, contenidos, objetivos y dinámicas. Este procesos se inscriben en todos los niveles de desarrollo, desde lo macro hasta lo microsistémico, y se vivencia de manera directa en los microsistemas de relacionamiento humano. Se podría afirmar que todo acto de socialización es un acto educativo, aun aquellos actos de socialización que están mediados solo por la presencia imaginada del otro. Estos son también actos de socialización, aunque ese otro no esté presente.
Las personas poco somos conscientes del rol educativo que jugamos en la vida de los demás; y no en pocas ocasiones, menos conscientes aún del rol educativo de muchos otros sobre nosotros. Me atrevo a decir que en gran medida, es la falta de esa consciencia lo que hace que mal eduquemos a otros y a nosotros mismos. La educación es un proceso connatural al ser humano que se da, sea de manera intencionada o no. Al mismo tiempo, la educación es permanente e inacabada. En ambos sentidos es un proceso ineludible, además de reconfigurativo, que determina en enorme medida nuestra identidad como sujetos.
En la educación como proceso se pueden diferenciar (para el análisis, si se quiere) dos abordajes, la ruta de la enseñanza y la del aprendizaje. El proceso de enseñanza hace referencia a la intención (lograda o no) de trasmitir información, destrezas, técnicas, habilidades etc. Digo lograda o no porque esa trasmisión no siempre se concreta con éxito. El enfoque de centro de enseñanza es el más frecuente en las instituciones de educación y está centrado en el sujeto que enseña y en el andamiaje que lo acompaña, recursos, medios, técnicas y un largo etc. El aprendizaje por su parte, y podrá decirse también que en contraposición a la enseñanza, está centrado en el sujeto que aprende, es uno de los llamados procesos mentales superiores y afecta todos los otros procesos cognitivos, impactando también sobre las otras siete esferas del desarrollo humano. Otra arista de este concepto es su universalidad. Las personas, los sujetos humanos, aprendemos durante toda la vida, por lo que al hablar de aprendizaje se abre un vasto abanico, casi ilimitado de posibilidades.
Por otro lado, el aprendizaje es una experiencia personal que se alimenta de la interacción del sujeto con el entorno y consigo mismo. Esto presupone la existencia de entornos y agentes que propician, potencian y también que limitan el aprendizaje. Así las cosas, los educadores seríamos parte de esos agentes educativos. En el proceso de aprendizaje el rol de los estudiantes es el rol protagónico, que supone que la historia, la experiencia vital de aprendizaje está determinada por el estudiante (alumno, a mi juicio, no es un término que pueda ser aplicado al sujeto que aprende); esto es, la forma como se aproxima al conocimiento, los medios y las mediaciones utilizadas, los mediadores y también los profesores. Por ejemplo, las TIC son medios educativos para quien enseña, pero al enfocarnos en el sujeto que aprende y en el aprendizaje, las TIC al igual que otros medios educativos pueden transformarse en entornos, contenidos y vehículos para el aprendizaje.
La investigación científica para la transformación positiva
Hace casi 20 años, cuando iniciaba mi primera experiencia como estudiante de maestría, me encontré con la escuela crítico social y sus preguntas sobre la función o mejor, sobre la utilidad de la ciencia. Descubrir las preguntas que se hacían y la posibilidad de hacerlas sin dejar de ser “científico”, era a mi juicio una maravilla, que en ese momento le dio sentido a mi amor por la investigación y me permitió conectarla con mis otras pasiones: el desarrollo humano y la educación. Todavía hoy comparto, con mis estudiantes de metodología de la investigación, esas preguntas. En primer lugar, porque preguntarnos por la utilidad de lo que hacemos nos ayuda a encontrar sentido a ese quehacer y en segundo lugar, porque he descubierto que cuestionarse sobre el método, sobre la ciencia, sobre la forma como construimos y usamos el conocimiento nos lleva a fortalecer la acción fundada y la acción reflexiva.
El pensamiento científico se entrena a través del ejercicio concienzudo de la investigación como forma de abordar la realidad y su problemática cotidiana. La pregunta es la chispa, el método es el combustible; ambos indispensables para que el conocimiento, el aprendizaje y la transformación de la realidad que ambos generan, sea posible.
La investigación científica nos entrena para la inquietud, la duda, el asombro, para hilar el pensamiento e identificar formas alternativas de leer la realidad. Como un elemento adicional, la investigación científica nos exige el diálogo con los otros y con lo otro; ayudando a construir entornos facilitadores de la educación, el aprendizaje y el desarrollo. Estas capacidades que logramos fortalecer a través de la práctica investigativa, nos ayudan a ampliar nuestra comprensión de nosotros mismos y de nuestra realidad, a abordar esa realidad para reconfigurarla a niveles más complejos y funcionales, en lo que define Bronfrenbrenner como desarrollo humano.
Experiencias formativas y profesionales relacionadas con la Educación
Me gustaría dividir mis experiencias en este ámbito en tres grupos: las experiencias relacionadas con mi vida como estudiante, aquellas relacionas con mi labor directa como educadora y finalmente aquellas en las que he sido educadora o facilitadora para la cualificación y formación de otros facilitadores.
Primero fui estudiante
Desde antes del preescolar hasta ahora, no he parado de estudiar. Estas experiencias son vitales para mi visión de educación y desarrollo, porque son mi referente de lo que se hace en educación con los diferentes grupos poblacionales, de lo que funciona y lo que no. También han determinado mi escogencia de la educación como campo ocupacional y los retos de mi labor para el mejoramiento de la calidad de los procesos educativos. En general mi paso por el sistema educativo ha sido marcado por una irónica sonrisa. Me explico: hago lo que quiero hacer y les muestro lo que quieren que haga (que muchas veces correspondió a lo mínimo que podía hacer). Esto porque desde el principio descubrí que mi capacidad estaba por encima de lo que se esperaba de un niño de mi edad y luego de una persona en mi nivel educativo; de modo que hacía mucho más de lo que se esperaba de mí y mucho más rápido. El resultado es que tenía mucho tiempo libre y lo utilizaba muchas veces para andar en clases de un lado a otro, lo que distraía a mis compañeros y molestaba a los maestros, sobre todo porque al intentar sancionarme pidiéndome la tarea o preguntándome por la clase, yo tenía las cosas listas. Con el tiempo aprendí a ocupar mi mente y energía en otros asuntos además de los académicos, de este modo tuve la oportunidad de remediar un dilema para el cual la mayoría de los educadores con los que he estado en contacto como estudiante, no estaban listos.
Eso no ha cambiado mucho, aun hoy en día debo abordar realidades educativas que no están listas para la singularidad de las personas. En el mejor de los casos me he encontrado con programas formativos que son flexibles para aquellas personas que requieren más tiempo, sin embargo, la respuesta ante la diversidad sigue siendo pobre, además de poco o nada flexible para aquellas personas que requieren menos tiempo para aprender o que han desarrollado una forma propia de aproximarse al conocimiento.
No quiero pintar un panorama sombrío. Encuentro refrescante la presencia de educadores que estimulan y encausan el potencial de sus estudiantes. Mi principal modelo en ese sentido: Mi madre, que es además de mi madre, mi colega y compañera en el viaje de la educación. Muchas veces la escuché decir que son justamente los estudiantes disruptivos quienes dan sentido a la existencia de los maestros, aquellos que “hacen todo bien”, no los necesitan ni les dan a los maestros la oportunidad de crecer, de aprender. Son los estudiantes incómodos, los que necesitan de buenos maestros, tanto como los buenos maestros necesitan a estos estudiantes, para ser cada día mejores.
Un ejemplo: En Cartagena, mientras yo estudiaba la primaria, aquel estudiante problemático, disruptivo, inquieto, se lo sentaba al lado de la profesora, mirando de lado a sus compañeros, separado del grupo. Pues bien, durante toda mi primaria, yo fui ese estudiante cada año; al mismo tiempo, de manera sistemática, año tras año, fui yo la estudiante a quien daban la bandera a la mejor estudiante del grupo, porque mis evaluaciones eran las mejores, también salía a actuar en los actos públicos. Qué paradoja. Me gustaría saber si alguna vez mis maestras se cuestionaron sobre eso, si ellas se plantearon investigar lo que pasaba con mi modo de aprender, si pensaron en casos similares, si su experiencia conmigo fue útil a otros niños que estuvieron después.
Luego fui educadora, mejor dicho fui facilitadora
Las experiencias relacionadas con mi labor directa como educadora, son importantes para mí porque me ponen frente a los vacíos que aún tengo y me reafirman en mi opción por la educación. Además soy psicóloga de profesión y eso alimenta mi labor como docente universitaria.
He tenido el reto de participar en la educación de personas de diversas edades y esto me ha permitido apreciar que me siento más cómoda trabajando con jóvenes y adultos que con niños y niñas. A los más pequeños les tengo un poco de miedo, porque me preocupa la huella tan profunda que los maestros dejamos sobre esta población.
Desde hace casi 10 años tomé la opción de la docencia universitaria. No abandonaría mi ejercicio profesional en la investigación y el desarrollo humano para dedicarme 100% al ejercicio de la docencia, pero si es cierto que aun en investigación y desarrollo, mi eje sigue siendo la educación. Los estudiantes, en todos los niveles del sistema educativo, revelan las fallas del sistema educativo y de las personas que educamos, todos los días en el aula de clases y fuera de ella. Sus dificultades, retos y cuestionamientos son aleccionadores en sí mismos.
Un ejemplo: Hace unos semestres una estudiante de pregrado de la que fui docente quedó fuera del programa por mal rendimiento académico. Ella fue mi estudiante durante tres semestres. Cuando llegué llevaba ya seis años cursando la carrera y aún estaba con asignaturas en su mayoría de quinto semestre. Nadie había notado que era disléxica, de hecho yo no lo noté hasta el final del primer semestre en que fue mi estudiante. No logré convencer a mis compañeros de trabajar con ella para que avanzara a pesar de su limitación y ella misma había perdido la esperanza, finalmente quedó por fuera del programa. Esta estudiante llevaba más de veinte años en el sistema educativo y debió conocer en ese camino a innumerable cantidad de docentes. Todos fallamos, le fallamos.
Facilitadora del ejercicio educativo
Finalmente, desde mi experiencia como facilitadora de proyectos de mejoramiento de la calidad educativa con instituciones (la mayoría de ellas estatales), he recibido un sinnúmero de elementos para enriquecer mi labor. Encuentro por una parte maestros muy comprometidos, encantados con su vocación, que se esfuerzan y entregan a su labor, logrando verdaderos éxitos diarios con los estudiantes, las instituciones, las comunidades. Por la otra parte, también encuentro personas que trabajan en la educación pero que no tienen ni vocación ni ética adecuada de trabajo; son personas que solo están interesadas por el pago y para las cuales es un verdadero fastidio la labor educativa. Eso me recuerda la importancia del SER en la labor educativa, es el ser lo que determina la forma como educamos.
Uno de los aprendizajes más trascendentales que he tenido en esta labor, es la importancia de trabajar con los educadores en su propio proceso de desarrollo humano. Identificar sus potencialidades, facilitar su transformación en capacidades y fortalecer la autonomía, favorece enormemente la resignificación de su quehacer.
Las personas que aman la educación, lo hacen porque en principio aman aprender, son curiosos y sienten tal pasión por aprender, que desean compartirla con los demás.
Necesidades de formación y desarrollo para ser facilitadores
Al preguntarme por las necesidades de formación en el rol de facilitadora, no puedo evitar pensar en una lista interminable. Pero luego me llamo a la mesura y entonces logro definir algunos campos de necesidades, más que necesidades específicas, porque nunca acabaría. Y es que al ser la educación un proceso permanente e inacabado, afortunadamente tenemos siempre cosas que aprender.
Sin ir más lejos, he seleccionado tres campos en los que he encontrado que los profesionales en el ámbito de la educación y el desarrollo humano, tenemos mayores necesidades de formación:
La aplicación de los modelos pedagógicos, a la práctica cotidiana de los procesos educativos, vistos desde de los elementos epistemológicos, axiológicos y metodológicos. Este es un campo de crecimiento para la formación de facilitadores. Creo que es importante porque permite a los educadores situar en el contexto su saber pedagógico, para responder a las necesidades de aprendizaje de sus estudiantes o participantes. Cuando aprendemos a traducir en acción los postulados, cuando realizamos sistemáticamente el ejercicio de preguntarnos ¿eso en la práctica cómo sería? Incluso, cuando nos preguntamos ¿esto que hago, en qué se fundamenta? Damos el salto hacia la investigación científica en educación.
Uso de vehículos para el desarrollo (medios y mediaciones). Es mi sueño ser capaz de convertir cualquier entorno en un entorno educativo intencionado, de tal manera que sea posible llevar los procesos educativos conscientes a todas las personas en sus contextos cotidianos sin tener que estar necesariamente inmersos en contextos institucionales. De este modo se podrán aprovechar las áreas de mayor desarrollo para potenciar otras dimensiones menos desarrolladas. Por ejemplo, hablar de experiencias como las de los entornos virtuales de aprendizaje permite dimensionar el potencial que tienen el manejo y aprovechamiento de entornos diversos de aprendizaje para personas diversas. En esto, la permanente construcción y adquisición de herramientas por parte del facilitador, es fundamental. Al ser el mundo un sistema dinámico, tanto los procesos educativos como las necesidades de los estudiantes y de las personas en genera, así como los propósitos mismos de la educación están también en permanente transformación. Esto exige de quienes ejercen el rol de facilitadores y educadores una permanente actualización. Necesitamos aprender cada día más sobre las formas y herramientas para potenciar y facilitar los procesos de aprendizaje.
Desarrollo de potencialidades en las diferentes esferas o dimensiones de humanas. Este aspecto, aunque lo he dejado para el final, es a mi juicio el más importante porque concreta todas los demás campos y es en si mismo un reto que comporta el lograr ser una mejor persona. Si algo he podido comprobar a través de la implementación del modelo CEDEI, es el impacto que tiene en la labor de las personas que facilitamos el aprendizaje o que educamos, nuestro propio proceso de desarrollo humano. Abordar la labor de facilitador del desarrollo requiere del abordaje del propio proceso de desarrollo. Un proceso personal de desarrollo humano, provee al educador de las herramientas para fortalecer su quehacer, porque le ayuda a transformar sus propias potencialidades en capacidades, al tiempo que aprende de su propia experiencia vital. En esa misma medida, puede ganar confianza en la capacidad que tienes sus estudiantes y participantes para aprender y desarrollarse. Lo sabe, porque lo vive en su propia singularidad.
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